La semana en el sur de las Américas comienza con un país especialmente desastroso, Venezuela, y otro que se inclina a la ultraderecha, Brasil. De ese mismo lado del pensamiento político donde anidan Milei en la Argentina, Kant en Chile o Abelardo de la Espriella en Colombia. Cada quien se tomará esta noticia con disgusto o entusiasmo, pero en todo caso se constata que en América Latina la Historia marcha hacia adelante: los pueblos van a las urnas y deciden su futuro. Todos, excepto Venezuela. En todos esos países de alguna manera se renueva la esperanza: existe una cosa llamada «elecciones libres y transparentes»; en Venezuela no; en Venezuela se le cierran las puertas a la esperanza o la esperanza se pospone indefinidamente, hasta nuevo aviso. En la cúpula del poder venezolano no hay ideología, hay pragmatismo. Comienza una semana con 42 mujeres injustamente presas, una Ley del Odio vigente (ha debido derogarse el 4 de enero pasado, sin dejar ni uno de sus artículos en pie) y donde un ciudadano cualquiera tendrá que ir a pedirle el favor a un a un trabajador en la bomba más próxima para que le llene un envase con gasolina y con eso asegurar algo de luz en su casa, gracias a la planta que ha debido comprarse. Este es el país vecino del que acaba de pronunciarse libremente, esté uno o no de acuerdo con su pronunciamiento. Mientras tanto, en las RRSS, se anuncia que anoche, nuevamente, hubo protestas en varias partes del país. Los vecinos que protestan lo hacen por los cortes de luz durante doce horas. Pero la luz, aunque parezca paradójico, solo estará en las urnas.
AnálisisFrancia ante la violencia
Uno de los autores de este portal ha vivido y vive los acontecimientos en Francia desde su condición de observador de la política y sus avatares. Estas son las observaciones que ha enviado esta mañana, comenzando por una evidencia: el desafío es restablecer el orden sin renunciar al diálogo






