El Banco del Libro ha formado en estos meses 85 voluntarios; con ellos, y con el apoyo de empresas privadas, consejos comunales y líderes comunitarios en Vargas, San Bernardino o El Valle, ha desplegado una labor que lleva un soplo de aire fresco, desde la letra impresa, a cientos de niños y jóvenes afectados o víctimas por/del doble terremoto del 24 de junio de este año.
Lo que María Beatriz Medina Simancas ha hecho, junto con sus compañeros del Banco del Libro más organizaciones privadas y públicas (sí, públicas: todavía existen y algunas tienen mérito), puede mostrarse como un ejemplo al mundo: una iniciativa de marca esencialmente ciudadana.
El proyecto Leer para Vivir camina en una dirección humanista, útil, asertiva. La experiencia en realidad nació en 1999, con el deslave de Vargas: fue entonces cuando María Beatriz, y suficiente gente como ella, inventó una actividad dedicada a los niños y jóvenes en situación de orfandad e indefensión tras la vaguada; ahora, en 2026, se ha ampliado y diversificado tal actividad. ¿La finalidad? Aliviar el tormento de los más vulnerables y empujarlos a que imaginen sea motor de esperanza. La esperanza ni se compra ni se vende, pero sí se puede alimentar.
El proyecto Leer para vivir no solo marcó un hito local en el 99 sino que se convirtió en un referente internacional para situaciones de crisis. En 2003, la Federación Internacional de Asociaciones e Instituciones de Bibliotecas (IFLA por sus siglas en inglés) le otorgó el Premio de Alfabetización «Guust van Wesemael» al Banco del Libro. Tras demostrar su eficacia en el deslave de Vargas, el modelo conceptual y las estrategias de Leer para vivir sirvieron de base para Tsunami Ibby, iniciativa global diseñada para brindar apoyo psicosocial a las comunidades de niños y jóvenes afectadas por el devastador tsunami del océano Índico en 2004.
―María Beatriz, ¿qué vino después de la campaña cumplida con el deslave de Vargas y aquel reconocimiento?
―Con ese aval, empezamos en 2002 a hacer un programa llamado Tendiendo puentes con la lectura, porque decíamos que no teníamos ya un deslave natural sino un deslave social. Hicimos un primer paso pensando en la lectura literaria como espacio de elaboración.
―¿De qué se trata exactamente en la práctica?
―La premisa es sencilla: la lectura literaria como espacio de elaboración y reconstrucción personal y social. En su momento, fue la primera experiencia de biblioterapia en América Latina. En el 2003 recibimos el premio de la IFLA y en el 2005 organizamos el primer congreso que se ha hecho en América Latinasobre biblioterapia. Eso es, una terapia, pero sin una connotación de tratamiento psicológico. Ha funcionado.
―¿Cómo funciona?
―Tenemos encuentros lectores. Se selecciona una serie de libros, libros para entretener pero poco a poco vamos introduciendo textos que, de alguna manera, tocan temas como la soledad, la muerte…, pero desde una formulación simbólica. La metáfora, la formulación simbólica, te permites ver las cosas [arduas, dramáticas, desgarradoras] desde una óptica diferente. Tras las lecturas, lo que hacemos es abrir las compuertas para que la persona hable. O hacemos actividades. En Catia La Mar hemos puesto de ejemplo unos fanzines de Kafka y luego los muchachos deben pintar unas puertas. Al pintar las puertas, suelen expresar lo que llevan por dentro. Nosotros tratamos de hacerlo en comunidades o donde haya unos líderes que puedan, después, sumarse y seguir haciendo esa rutina.
―Pero, ¿cómo hacen al principio para reclutar jóvenes e incorporarlos a la tarea? Me refiero a este caso que nos ocupa, a raíz del 24-J.
―Primero llamamos por nuestras redes para encontrarnos en un sitio y que todo el que quisiera colaborar, asistiese. La verdad es que todo el mundo quería colaborar. Hemos hecho tres inducciones. Incorporamos en la inducción a una profesora de Sicología de la UCAB (Universidad Católica Andrés Bello). Preparamos a los muchachos y ellos deben repartirse, tienen que rotar. Hemos establecido varios puntos, no solo Catia La Mar. Las chicas que estaban en el Nuevo Circo ahora están en Catia La Mar. Necesitamos el aporte de todos, somos seis personas en el Banco del Libro: ¡seis!

En Catia La Mar han dejado una biblioteca de libros seleccionados para que ellos puedan seguir trabajando. Existe una organización hermana en Colombia, la dirige una venezolana y se llama «Leer es un Refugio»: enviaron sesenta cajas de libros.
María Beatriz dice:
«En San Bernardino, una zona afectada, entregamos una selección de esos libros a una institución que hace préstamos circulantes. No tenían libros infantiles hasta ahora. Enviamos al interior y para algunas escuelas de Petare. Esa organización colombiana también nos envió tres bibliotecas armables.»
A estos sitios donde todavía permanecen damnificados por el doble terremoto oficialmente son llamados campamentos transitorios. A María Beatriz le gusta más el término «espacios de acogida». En el Nuevo Circo se ha encargado del programa un consejo comunal, de completo acuerdo. Dice María Beatriz:
«Lo que hacemos no es solamente distracción; propiciamos de alguna manera la elaboración.»
AQUEL PRIMER MOMENTO EN EL PARQUE DEL ESTE
Hay editoriales involucradas en esto. La principal es la venezolana Ekaré. Igual que hay artistas del relato infantil e ilustradores de fama internacional que se han sumado aportando puntualmente su creatividad. El primer lugar en el que trabajaron con este propósito, inmediatamente tras la tragedia, fue en el Parque del Este de la mano con Venemergencia, una empresa privada fundada por un médico. En El Valle trabajaron con los voluntarios de Movistar, que también intervinieron en la capacitación de los voluntarios. De igual forma en una escuela de Baruta, la «Tito Salas».
María Beatriz recuerda los primeros momentos: se produjo una especie de explosión colaborativa. Todo el mundo quería colaborar. Pero había que ver las cosas con un poco de calma. El asunto era no solo formar a los mediadores sino seleccionar los libros con los que se trabajaría. Allí no hubo oportunidad de continuar pues el Parque del Este debía ser desalojado lo más pronto posible. Allí, la embajada española acondicionó un puesto de atención médica provisional.
La organización internacional IBBY ―International Board on Books for Young People― respalda al Banco del Libro y lo que hace. María Beatriz agradece, además, a la Fundación Chamos, dirigida por la venezolana Andreina Palma, que ha financiado en parte este proyecto Leer para Vivir. La representante de esa ONG en Caracas es María Silvia Castillo, economista por la UCAB y especialista en Proyectos de Desarrollo Social y RSE.
Por otra parte, la NEL, o Nueva Escuela Lacaniana del Campo Freudiano, acompaña en el trabajo dentro de los sitios de acogida o campamentos. Es fundamental el aporte de la NEL y la propia organización describe el porqué:
¿De qué manera restablecemos un lazo con la palabra ante un evento traumático? Un terremoto puede convertirse en un trauma para un niño, si no encuentra cómo inventar respuestas que den sentido a la experiencia vivida.
La angustia o la tristeza, también la agresividad, pueden ser algunos de los afectos que aparecen como manifestaciones de lo imposible de soportar frente al horror del acontecimiento.
El psicoanálisis de orientación lacaniana ofrece una escucha singular al niño que sufre. Y, en circunstancias como las que enfrentamos en este momento, contamos con una experiencia de trabajo clínico, fruto de décadas dedicadas a trabajar con sujetos traumatizados por diferentes causas: catástrofes naturales, atentados terroristas o guerras.
Nos encontramos viviendo una urgencia que requiere restablecer la eficacia de la palabra, como uno de los modos de tratar el sufrimiento.
Por esta razón, los psicoanalistas de la NEL Caracas, en alianza con Banco del Libro, trabaja conjuntamente con la Alcaldía de Chacao en un espacio que ofrece a los niños víctimas del terremoto un tratamiento que les permita elaborar su sufrimiento por medio de la palabra, el juego, la lectura y el dibujo. «De tal manera que aquellos niños que establezcan un lazo con nosotros puedan volver a jugar sus propios juegos, sin padecer el horror de la marca que ha dejado el acontecimiento traumático que los habita».







