Pasados casi diez meses desde la extracción de Nicolás Maduro y Cilia Flores, aún no están maduras las estrategias de los actores principales del drama venezolano, excepto uno. El gobierno interino espera a ver qué pasa con Trump. Mientras tanto, su estrategia es aguantar y quemar tiempo. Ello se observa en la discusión sobre la fecha de unas eventuales elecciones democráticas. Trump le da largas, Rodríguez las remite a un futuro indefinido y su hermano hace una lista de todas las elecciones que hay que hacer, pero sin poner fecha. Solo el bloque democrático pide un día para votar. Todo se desprende de lo ocurrido a comienzos del año.
El 3 de enero de 2026 se abrió un proceso de cambio político que se ha ido configurando en medio de un caos de dimes y diretes, idas y venidas, marchas y contramarchas: todo eso tiene a los ciudadanos venezolanos al borde de un ataque de nervios o de la desesperanza colectiva. Se le ha puesto el nombre de transición. Hay quienes no ven transición a la democracia y quienes sí atisban dicha transición. ¿A qué se debe este pandemónium analítico y político?
En gran medida, obedece al estilo del impulsor y operador de este proceso, Donald Trump. Después de la extracción de Maduro, la mayoría no ve clara su posición posterior. Por un lado, el presidente ha señalado que quiere una transición segura, pero sin definir en qué consiste eso. Por otro lado, no deja de aprovechar la oportunidad de controlar a futuro la producción petrolera nacional y otros minerales, y obtener ventajas como las que se desprenden del acuerdo petrolero, firmado con Delcy Rodríguez.
La ambigüedad del mandatario se ve en una de sus últimas declaraciones. Trump dejó clara su manera de razonar y proceder. Al ser interrogado sobre cuándo serían las elecciones en Venezuela, dijo que el país no estaba preparado para votar. Pero «ha habido muchos avances», añadió. «Todavía no están listos para las elecciones, pero en algún momento lo estarán, y vamos a estar encima de eso», agregó. La prensa mundial y la nacional se quedaron con la primera parte de la declaración, subestimando la segunda. El mandatario, como suele ser su proceder, no aclaró qué significaba estar «preparados» para ir a votar, olvidando que el país sureño votó el 28 de julio de 2024 en peores condiciones que las actuales y estaba preparadísimo para recabar las actas oficiales donde constaría el resultado. La Casa Blanca le da largas a la cita comicial.
Como dijo el jefe de la Casa Blanca, hay avances, pero a paso de tortuga. La mal llamada Mesa de Diálogo, en funciones desde el 1 de agosto de 2026, tiene un ritmo tan lento que ni el caballo de los bandidos lo supera. El 6 comenzó a trabajar. El 12 anunció que se procedería a sustituir a los miembros actuales del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) por otros. El 18 de septiembre publicaron la integración del Consejo de Revisiónde Credenciales de los aspirantes a magistrados. Paralelamente se conoció del desbloqueo de algunos sitios web, en cumplimiento de acuerdos acerca de la reactivación de los derechos civiles y políticos. Han pasado casi dos meses desde el 1 de agosto.
Con un motor que pierde la potencia y unos operadores que trabajan a paso de tortuga, es claro que el ritmo del procedimiento institucionalizador conviene a quien quiere que el tiempo para llamar a votar se agote, especialmente el tiempo políticamente útil de Donald Trump, que va desde el 20 de enero de 2025 hasta el 20 de enero de 2029.
Esa es la estrategia del interinato: aprovechar la ambigüedad de Washington (o el acuerdo secreto que pudieran tener) y quemar el mayor tiempo posible, sobre todo el del mandatario, buscando la recomposición y el relanzamiento del régimen. De hecho, ya está a punto de consumirse el lapso para las elecciones de medio término que pueden cambiar la correlación de fuerzas en el Congreso de los EEUU y abrir un panorama político incierto en ese país. El gobierno interino dice: aguantemos lo que sea hasta noviembre; después veremos qué pasa con Trump.
Entre tanto, seguimos con la táctica de la tortuga. Según el cronograma de la Mesa de Diálogo, el cambio del Consejo Nacional Electoral (CNE) quedará para enero, si es que se ha completado la sustitución del TSJ.Vale la pena recordar a los EEUU el dicho: «Ni tan aprisa que te mates, ni tan despacio que no andes».
¿Y María Corina qué?
Por último, la lideresa del bloque democrático apela a la paciencia estratégica. Trump parece ponerla de lado y su verdadero interlocutor es Marco Rubio, con quien se entiende en cuanto a sus movimientos políticos. Rubio es más claro que Trump en cuanto a las elecciones, aunque termina siempre diciendo que las desea lo «más pronto posible». María Corina Machado se mueve como en una carrera de caballos, colocándose en un lugar desde el cual pueda rematar y ganar. Pero depende de la fecha para llegar al final. Trump no parece estar preocupado por la fecha y al gobierno interino le tiene sin cuidado. Mientras más lejos, mejor.En todo esto, falta la sociedad civil.







