Rafael Osío Cabrices, consecuente comentarista de libros, dijo en un vídeo-podcast que La inocencia de las sardinas ha experimentado una resurrección misteriosa. La propia autora aclara: «A simple vista podría parecer un interés nuevo a raíz del doble terremoto [y sus consecuencias en el Litoral Central], pero no creo, porque unos cinco meses antes de eso, una blogger que comenta libros comenzó su reel diciendo que no entendía por qué no había más gente hablando de este libro».
Desde allí comenzó el subidón. Bienvenidos, pues, los lectores, aun un poco tarde. Ahora Mendicoa atiende clubes de lectura, incluso en estos momentos debe estar viajando a Boston para intercambiar pareceres con un grupo que ya leyó La inocencia de las sardinas. Luego la esperan en Miami y después en Texas. Desde hace semanas ha sido invitada a varios clubes semejantes en la localidad o región donde vive. Al respecto dice vía wassap:
«No es un invento nuevo, pero los clubes de lectura están renaciendo. Y es increíble la sinergia que se produce en ellos».
Cuando salió su libro a mediados de 2019, hizo cuatro presentaciones: dos en Madrid, una en Bilbao y otra en Alicante. Pero inmediatamente después vino la pandemia y arrasó con todo. Estaban, la editorial y ella, organizando la presentación en Pamplona, pero entonces le cayó a la humanidad entera aquella cosa, la COVID-19.
Ahora le pide a quien la llama para otro club de lectura ―o para lo que sea― que colabore con la Fundación Proyecto Maniapure, que trabaja por La Guaira y sus escombros.

CÓMO ES EL LIBRO
Es venezolana de padre vasco, vive en Bilbao. Su libro es un ejemplo de paciencia, indagación y estructura dosificada para narrar un pueblo más allá del deslave. Son 370 páginas y en cada párrafo hay —al menos— un dato, una descripción inteligente, una pieza del rompecabezas que arma el país. Para escribirlo hicieron falta más de cuarenta entrevistas, muchas de ellas repetidas y lubricadas, por necesidad narrativa, con el ron o la cerveza que tanto ayudan en estos casos, sobre todo si debemos convencer a los pescadores que s animen a contar sus cuitas.
Hizo falta mucha hemeroteca. Hicieron falta varios años.
El libro de Etxenara Mendicoa (periodista por la Universidad Católica Andrés Bello, 1997) tiene varios méritos, comenzando por el principalísimo de haber sabido dar las claves de un país a partir de un punto, Naiguatá, y dentro de un hecho histórico trágico: el deslave del 99. Esta novela con los pies en el barro revela rigor, imaginación y orden narrativo. Dosificar las historias paralelas a lo largo del relato es cosa seria, manteniéndolas en lo alto para que el lector las arme por sí mismo y no decaiga el interés. Mendicoa debe haber leído La guerra del fin del mundo y La fiesta del chivo, de Vargas Llosa: aprendió de ellos. Ella misma confiesa que fue una de las cosas que más le costó, la estructura. Ahí van las ramificaciones del drama: el pescador que ha debido dejar de serlo para asumir un oficio que no le corresponde, el de conductor de buseta, Micaela ―enamorada de un malandro y cargando con un hijo que no le pertenece― o Agustín, hecho sacristán a juro. Sigue Belén, la que quedó respirando con tanta dificultad que solo lo hacía cuando se acordaba.
La narrativa y el periodismo juntos, con este libro, se revalorizan. La palabra narrativa está muy manoseada y prostituida hoy en día, aquí se usa como sinónimo de tratamiento literario de un trama o un tema. El lenguaje está en todas partes, dentro o fuera del país (en las tertulias de Válgame Dios estuvo, en las grabaciones de los Sony duerme, en la memoria de muchos sigue y persevera. Y en las películas o en los libros, desde luego; solo hay que atraparlo.
Atraparlo en un sentido amplio, no solo aplicado a la palabra en sí misma. Un ejemplo para armar país lo pone Mendicoa en la página 161:
«En la Plaza del Indio, junto a la estatua del cacique Naiguatá, aún decapitado desde el deslave, se amontonaban los hombres con botellas de aguardiente en plena hora del desayuno, en torno a un pequeño radio y una pizarrita para anotar los resultados de las carreras de caballos».







