La magnitud y velocidad del masivo éxodo de este último cuarto de siglo carece de antecedentes en la historia de Venezuela. A partir del resultado electoral de 1998 empieza un éxodo en medio de la mayor bonanza económica conocida por el país. Se trata de un éxodo incesante superior a los nueve millones de ciudadanos, un tercio de la población; se contabiliza entre los cinco flujos migratorios más grandes del planeta.
Al desagregar la información por país encontramos que Colombia es, en términos del número de ciudadanos, el tercer estado de Venezuela, solo superados por Zulia y Miranda. Por ejemplo, Bogotá, en número de ciudadanos venezolanos, es mayor que Cojedes, Amazonas y Delta Amacuro. La magnitud, el porcentaje de población que representa y la velocidad con la que se ha producido el éxodo, guardan pocos antecedentes en la región. La devastación del país, en todos los ámbitos, ha favorecido la migración de millones de ciudadanos y ha transformado la sociedad venezolana en su corteza y en sus entrañas. Una honda mutación social, de enorme calado, imposible de soslayar en cualquier análisis o propuesta, sea ella económica, social, cultural o institucional. Es reducido el número de hogares y familias sin algún familiar en otras fronteras.
De hecho, 87,6 por ciento de la población venezolana en el exterior tiene familiares directos en el país. El dato es revelador del grado de relación de la diáspora con familiares y amigos que han decidido permanecer en el país. Con la migración, las fronteras de Venezuela se han ensanchado y el país tiene hoy un alcance más global. Existe una nueva geografía de Venezuela. Hay ciudades y países en el mundo con mayor número de venezolanos que regiones de medianas dimensiones dentro del territorio venezolano propiamente dicho.
De modo que se han ampliado las fronteras físicas, económicas, sociales, culturales, institucionales al mismo tiempo que se mantiene permanente comunicación y contacto entre familiares, amigos, empresas e instituciones. Eso lo han facilitado las RRSS y plataformas de intercambio a la mano hoy en día. Las más usadas son: wasap, Instagram, Facebook Messenger, llamadas por línea telefónica, correo electrónico, Zoo, Google Meet, Linkedin, Skype y X.
Esta diáspora, cuyo crecimiento no ha cesado, es un fenómeno social que ha vivido Venezuela a lo largo de su historia, es cierto que nunca con la velocidad y la magnitud de la producida en el siglo XXI. Las anteriores ocurrieron en medio de la guerra de Independencia y a lo largo del siglo XIX durante las guerras federales o en ciertos momentos del siglo pasado, pero siempre a distancia del flujo migratorio actual.
UNA NUEVA GEOGRAFÍA
La diáspora forja una nueva geografía y con ella se labra la ciudadanía transfronteriza transnacional: una original realidad que supone un desafío al análisis del fenómeno migratorio. Un novedoso contexto que exige, por tanto, nuevos enfoques y categorías de análisis para su comprensión y para el diseño de estrategias y políticas públicas. Distintas perspectivas del mundo académico y político conspiran contra esta posibilidad. Tales enfoques consideran a la diáspora como «calamidad» o«pérdida» e incluso «robo» perpetrado por los países de mayor desarrollo. Desde esa forma de mirar y concebir el fenómeno migratorio deriva la exclusión y la imposibilidad de aprovechar el más importante activo y el objetivo central del desarrollo: el ser humano.
La omisión impide incorporar ese inmenso capital humano en el diseño de estrategias y políticas públicas formuladas con el fin de impulsar el desarrollo, hecho que a todas luces resulta inexplicable e inconcebible. Implica dejar de lado las habilidades, competencias, conocimientos y redes sociales de un tercio de la población, la cual ha demostrado su compromiso con la recuperación de la democracia.
La tasa de crecimiento de la población venezolana fuera del territorio nacional, dentro de cualquier escenario prospectivo, se puede estimar en varios centenares de miles para los próximos años. Niños y jóvenes ampliando identidades e integrándose a nuevas regiones y países a efectos culturales, sociales y políticos asociados.
CUBRIENDO EL PLANETA
La acelerada transformación demográfica de la sociedad venezolana es un hecho imposible de soslayar en la estrategia de desarrollo y reconstrucción de la institucionalidad del país, en particular la referida al servicio exterior y la red de embajadas y consulados.
La presencia de un mayor número de ciudadanos venezolanos en todo el planeta se expresa, también, en el aumento del número de organizaciones venezolanas de carácter transnacional. Una fracción del capital humano venezolano habita entre nuevas fronteras; establecen familias y redes económicas transnacionales. Es un sinsentido cualquier estrategia de desarrollo que ignore este capital humano.
El tema migratorio ha adquirido una gran notoriedad en la agenda política global. Pero existen prejuicios de diferente calado y alcance, propiedad compartida entre los países de acogida y origen. El relato de voceros políticos y académicos en el país de origen se vale de nociones como «crisis migratoria», «calamidad», «fuga de cerebros», «amenaza regional», etc. El relato de voceros políticos y académicos en los países de acogida utiliza una cansina letanía: «destruyen empleos y salarios», «promueven la delincuencia», «holgazanes que sacan provecho del trabajo de otros» o acusan a los inmigrantes de la destrucción de alguna identidad nacional.
Dese el Observatorio de la Diáspora Venezolana se prefiere mirar la migración como un proceso de circulación del capital humano, beneficioso para el migrante y para los países de acogida y origen. El migrante es un activo con el que cuentan los países en ambos extremos para su desarrollo. Los datos dan cuenta de sus aportes al PIB en acogida y origen y de ello puede hablar Venezuela con absoluta propiedad, país que ha sido receptor de flujos migratorios provenientes de Europa, Sur y Centroamérica, Medio Oriente, Asia y el Caribe.







