Estamos inmersos en un paisaje de relojes: todos parecen tener uno. Washington tiene el suyo; Delcy Rodríguez tiene otro. María Corina Machado corre contra el tiempo, pero Dinorah Figuera también. Mientras cada actor calcula sus movimientos, hay un reloj que no negocia, no se detiene y no sabe de geopolítica: el del venezolano común. Ese reloj no mide barriles ni mandatos; cuenta apagones, días sin respuesta, presos políticos, salarios que no alcanzan. Es el único que tiene veinticuatro horas, y avanza igual para quien espera en una cola de farmacia que para quien negocia en un hotel de Caracas.
La Alianza por Venezuela nace en el cruce de esos relojes. Fue lanzada oficialmente el 14 de septiembre, bajo la vocería de Noel Álvarez, coordinador nacional de Gente Independiente y expresidente de Fedecámaras. En su presentación se aclaró, con una sobriedad que agradecen los cansados, que la intención no era competir por espacios políticos ni parcelas de poder. Se trataba, más bien, de promover la discusión y presionar por un cronograma electoral claro, elecciones presidenciales con garantías, restitución de partidos, cese de inhabilitaciones, liberación de presos políticos y respeto a la soberanía nacional. En un país donde la política ha sido tantas veces un ejercicio de vanidad y reparto, ese catálogo de intenciones suena casi a confesión: esto ya no se trata de quién manda, sino de cuándo dejamos de esperar.
La Alianza funciona como vehículo político alrededor del liderazgo de María Corina Machado, con el premio Nobel de la Paz 2025 como arrastre. No es una tolda nueva; es el intento de reordenar un espacio opositor que llegaba a este tramo del año visiblemente deshilachado.
Ahora bien, ¿podrá hacer realidad su aspiración? La respuesta no está, por ahora, en la Alianza, sino en las manos de quienes tienen la decisión. Esas manos, hoy, son dos: la comisión negociadora que se sienta en el hotel Marriott y el gobierno de los Estados Unidos. Entre esos factores decisores se barajan al menos tres posibilidades: elecciones locales y regionales, elecciones presidenciales, o elecciones presidenciales con Asamblea Nacional.
El problema es que la fecha de realización de cualquiera de las tres fórmulas no está, que se sepa, sobre la mesa.






