Sientes que todos te miran, te reconocen en tu morbosa fisgonería. Pero todos somos partícipes: al compartir el lascivo acto pornográfico escenificado entre Donald Trump y Delcy Rodríguez, desvestidos ambos de cualquier miramiento moral, todos nos convertimos en sus cómplices. Están en la fotografía a todo color, con sus intimidades al aire aun cargando ropas, sobre el fondo mullido de banderas y cortinajes. Es una foto triple X, sin duda.

Algo de violencia entraña todo esto.

En un cortometraje añadido como entremés, el paseo de ella y los besos con Pedro Sánchez en el acto de las Naciones Unidas. Todo ello conforma la mueca de una burla. No puede haber otra respuesta sino la que dio alguien en las RRSS: es una bofetada a la democracia.

¿Qué puede generar todo esto, más allá de la frustración o la desazón o una ira que segará el ánimo del ciudadano? Sobre todo, miedo al futuro e inhibición en el presente; parálisis. El miedo es el lugar común del venezolano. Dentro y fuera del territorio se está quedando sin piso.

EL PAÍS DONDE TODO ESTÁ EN VENTA

«En Venezuela, casi todo se trafica», ha comentado el abogado Zair Mundaray en estos días, precisamente, durante un foro convocado por Zoom. Mundaray sabe lo que dice, ha estudiado la materia.

En un país donde casi todo es susceptible de trapicheo ―las armas, los cargos públicos, los negocios en general, los negocios donde las Fuerzas Armadas intervienen en particular, el país mismo―, ¿quién escapa al miedo? ¿Quién, que no detente algún tipo de poder o, al menos, de arma de fuego, no se siente vulnerable?

No es baladí el caso de los niños, niñas y adolescentes: circula un informe reciente de Ecpat International en combinación con Cecodap que da cuenta del tráfico sexual de niños, niñas y adolescentes (NNA). Ecpat es una red mundial de organizaciones de la sociedad civil dedicadas al fenómeno de la explotación infantil en el mundo, y Cecodap es la ONG más constante, activa y empeñosa que existe en Venezuela enfocada en esa franja tan vulnerable de seres humanos. Ese informe produce alarma: hay explotación sexual de NNA en el contexto de los viajes y el turismo. Hay venta y trata con fines de explotación sexual. Hay matices: la venta no necesariamente implica la explotación sexual, más se asocia a la adopción ilegal.

En cuanto a la explotación online de los NNA, la organización especializada CyberTipline (un centro estadounidense que rastrea niños desaparecidos y explotados, recibe y gestiona denuncias sobre abuso sexual infantil en línea) da igualmente unas cifras crecientes. En Venezuela ocurre todo tipo de violaciones a los Derechos Humanos. ¿Dónde estuvo el punto de inflexión? Tal vez el día en que Hugo Chávez dijo, en cadena, que «esto es una revolución pacífica, pero armada» o tal vez desde mucho antes, el día en que ganó las elecciones por primera vez y, montado en la terraza del Ateneo, justificó el robo en una situación de hambre.

Hay un informe sobre la Operación Zaraza, una ofensiva militar del regimen madurista contra el Tren del Llano que empezó en 2024 y todavía no termina. En el curso de tal ofensiva se han aplastado los Derechos Humanos. Se han documentado casos de tortura y tratos inhumanos o degradantes. Y uno, leyendo eso, debe poner su imaginación a volar por caminos tenebrosos: ¿hasta dónde llegará una cosa donde técnicamente merece el calificativo tratos inhumanos y degradantes?

Ese era y es el régimen de Delcy Rodríguez, solo que ella al principio no estaba completamente al frente, sino de costado, haciendo fuerza.

El abogado Zair Mundaray dice que deben convencerse politólogos y diplomáticos de que el elemento criminal forma parte de las negociaciones petroleras. Hay gente relacionada con la delincuencia trasnacional. Y se pregunta: «¿Estaremos alimentando o cohonestando una transición para que muchos actores ―o al menos algunos― que se inserten en ella cabalguen sobre su lomo, eludan las investigaciones que organismos internacionales han abierto contra ellos?» Y entonces recuerda Mundaray la transición rusa, con su oligarquía de mafias. Agregó: «Boris Yeltsin planteó la privatización de 45 mil empresas estatales y ellas fueron a dar a las mafias rusas. Las mafias pueden mimetizarse e insertarse en el modelo de una nueva institucionalización del país».

No en balde el economista Ricardo Hausman ha hablado de la cleptocracia que gira alrededor de Mar-a-Lago.

La violencia cruza desde la violación a los Derechos Humanos documentada por organizaciones internacionales e iniciativas locales de la sociedad civil a las grandes decisiones que se están tomando desde una geopolítica que permite todos los ultrajes y bofetadas a la democracia y todas las cartas marcadas a favor de la ignominia.

Eso da miedo, claro que da miedo. El pueblo sabe cuando se le cierran las puertas y lo dejan a oscuras; y luego está la amenaza cercana: la del policía que matraquea, la del zagaletón en la motocicleta, la del miembro del colectivo en la esquina del rancho…

Delcy Rodríguez y Donald Trump.
El encuentros entre estos dos estuvo lleno de parabienes. Foto bajada de internet.

«Los colectivos ya no existen, solo existen los malandros que antes formaban parte de esa vanguardia de la violencia urbana que creó Hugo Chávez Frías», comenta alguien que ha vivido en Catia gran parte de su vida y se mantiene al tanto de las barriadas caraqueñas.

Al parecer, ya el Estado no dispone de recursos para mantenerlos a su servicio. Se han quedado a la deriva, por eso se dedican a chantajear a los pequeños comerciantes, controlar la venta de drogas o licor en su entorno, o cobrar peaje. ¿Han tenido oportunidad de ver otro destino posible durante todos estos años, una tercera vía tal vez? ¿A qué edad desertaron de la escuela? El chavismo lo que hizo fue usufructuar de esa categoría de ciudadanos, ponerlos a trabajar para su proyecto. Barrios con violencia endémica se convirtieron en barrios cuyos policías eran los mismos que antes cobraban peaje allá abajo donde comienzan las escaleras; ahora han vuelto. ¿Se acuerda alguien quién fue Andy Aparicio? Un muchacho a quien asesinaron en La Vega por un par de zapatillas deportivas, de buena marca. Una escuela de Fe y Alegría en la zona ahora lleva su nombre.

Los encuentros de softball han desaparecido del 23 de Enero porque desaparecieron los organismos públicos que pagaban todo. Del softball vivían los colectivos. Hacían deporte, sí, pero el dinero que obtenían también servía para intimidar, desde sus motocicletas, armados, a los ciudadanos que se manifestaban contra el régimen. Todos los juegos de softball en el 23 de Enero los pagaba o bien el Seniat o bien el Ministerio de la Defensa o bien el cuerpo de bomberos; alrededor de eso se montaban parrillas y cobraban los árbitros: todo era un negocio.

Ahora no hay negocio posible. El gobierno de Delcy Rodríguez no tiene dinero, por los momentos. Por su parte, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) luce como un cascarón vacío. Si se organizara un mitin, una demostración de popularidad en la Avenida Bolívar, por ejemplo, hoy no habría con qué movilizar gente, montar tribunas, hacer ruido. Sin embargo, las fuerzas represivas siguen allí, no hay indicios de atenuación en sus procedimientos habituales. Ya lo ha dicho, con datos fehacientes sobre su mesa, la vocera Sofía Macher, de la delegación de las Naciones Unidas que se ocupa del tema, oficialmente «Misión internacional independiente de determinación de los hechos sobre la República Bolivariana de Venezuela».

Según sus expertos, «no se han producido (en Venezuela) las reformas necesarias (…), siguen vigentes leyes utilizadas para criminalizar la disidencia». La Misión documentó 64 nuevos casos de tortura después del 3/1/2026 y señaló que hasta 500 personas podrían seguir en prisión por motivos políticos.

Venezuela arrastra una falta de valores en un grueso estamento de la sociedad, y sufre la política represiva ejercida, desde el régimen, con saña. Recalquemos, porque esto es de antología: Delcy Rodríguez aparece fotografiada, sonriente, al lado de Donald Trump en alguna parte de Nueva York. Ella estampa un par de besos en el rostro calcáreo de Pedro Sánchez. El encuentro fue a propósito de la asamblea número 81 de las Naciones Unidas.

La prensa internacional menciona como cínica paradoja del destino el hecho de que Nicolás Maduro estaba a menos de quince kilómetros del lugar donde se encontraba su sucesora, en Nueva York. Podría preguntarse la prensa, igualmente, a qué distancia estará Delcy de los colectivos que jugaban softball. Quizás a esos colectivos lo único que les interese sea a qué distancia está Diosdado Cabello, hoy en día, de ellos.

El pueblo venezolano es la parte central del sándwich, entre una masa de venezolanos que ha crecido sin valores a la vista y un régimen que sigue tan represivo y falaz como antes del 3E.