¿Cuánto dura la transición? ¿Cuánto dura esto? Son preguntas constantes que se hacen los venezolanos con angustia. La verdad, no existe un plazo determinado de duración de las transiciones, no hay una velocidad promedio de las mismas. Duran lo que permite el proceso político específico. Sabemos algo de ello por las experiencias en otros países de Iberoamérica y por nuestra propia experiencia.

En este artículo abordo este asunto, que trae de los nervios a los venezolanos y que a partir de hoy, con la presencia de María Corina Machado en el país, se renueva con sumo vigor.

La gente ha estado muy angustiada con el paso del tiempo y el trabajo a paso de morrocoy de la Mesa de Diálogo: pocos entienden su metodología de trabajo y se preguntan si hay algo, o alguien, que pudiera acelerarlo. La Mesa no entiende, o no quiere entender, el sentido de urgencia de los venezolanos respecto a la vuelta a la democracia.

Si bien las transiciones no tienen una velocidad establecida en algún manual, la que vive Venezuela si tiene el tiempo contado, como explico al final de esta nota. Aquí no aplica aquello de que la duración de las transiciones será la que permita la dinámica política de un país. Por eso vengo insistiendo en que el manejo del tiempo es vital en este caso.

Ya los venezolanos traíamos la pregunta que encabeza este trabajo, engatillada en la garganta por la experiencia del siglo XXI, mucho antes del 3E, sin haber conseguido respuesta, pese a haber intentado de todo buscando una; o sin que la respuesta conseguida fuera respetada. Tal sentimiento se ha agudizado en los 9 meses transcurridos desde el 3 de enero de 2026 (3E). Así que, imagínense cómo está la angustia de millones de personas que no quieren que esta oportunidad política se pierda.

Nadie sabe cuánto durará esto, pero dos de los actores lo tienen claro. El régimen quiere ir más allá del período de Trump. Trump puede tener idea del deadline pero no quiere establecer una fecha, ni siquiera un lapso; algo así como la elección deberá realizarse entre julio y diciembre de 2027. El jefe de la Casa Blanca parece jugar con el tiempo de la transición entre declaraciones desconcertantes. La oposición liderada por Machado pide «elecciones ya»; son tres escenarios político-electorales totalmente distintos los que se enfrentan. Entre tanto, las especulaciones van y vienen. ¡Hagan sus apuestos, señores!

¿DURACIÓN EN OTROS PAÍSES?

Hagamos un pequeño listado de la «duración» de la transición en otros países. Antes de hacerlo, aclaremos el criterio para demarcar las fechas de inicio y de finalización de la transición. Entiendo que este criterio es discutible, pero es lo más cercano a la posibilidad de estimar la duración.

Como señalé en mi anterior colaboración, las transiciones a la democracia comienzan con una crisis de la estructura de poder autoritaria, que pone en entredicho la continuidad en el poder de la élite y abre las puertas a una transferencia de ese poder. Esa transferencia puede darse más rápido, o menos rápido. Depende de cada caso. La crisis de la estructura de poder es provocada por un hecho excepcional, que impacta en sus bases (poderes públicos, fuerzas armadas, recursos económicos, etc.).

Entre ese evento y la convocatoria a unas elecciones democráticas en las que se elija nuevo gobierno nacional, se establece el lapso más o menos estricto de la transición. El hecho desencadenante puede estar constituido por la muerte de un dictador, un golpe de Estado (aunque sea fallido), la derrota en una guerra, una invasión, la pérdida de una elección, entre otros.

La transición no empieza con la liberalización, ni con la democratización, sino con esa crisis de la estructura de poder autoritaria, que obliga al régimen a una apertura, a la liberalización, hasta llegar a la elección, aspecto fundamental, pero no único, de la democratización.

El hecho de iniciarse no significa que la transición esté asegurada, pues entramos en el reino de la incertidumbre y muchas veces no se sabe que se está en una transición, sino cuando esta se concreta. Mucho menos sabemos si será exitosa o fallida. Máxime cuando, como señalaron Ramón Cotarelo y José Manuel Roca, hay una «antitransición» dentro de aquella. Salimos del cuarto oscuro y miramos para atrás: ¡Ah, mira, estábamos en transición! En el camino a la misma no se está seguro de que se está en una, mucho menos que será la ansiada transición a la democracia, especialmente cuando el régimen autoritario no cae totalmente y el remanente no coopera. Dicho esto, revisemos algunos de los casos de transiciones para ver su duración.

Son cuatro países y lo dicho solo aplica para ellos.

TABLA DE TRANSICIONES

La tabla indica que, en esos casos, las transiciones duran entre casi un año (Venezuela 1958) hasta dos años (Venezuela 1945-1947), pasando por las que duran un año y medio aproximadamente (España, Argentina y Chile).

Como dijimos antes, en la Venezuela de 2026 la transición sí tiene el tiempo contado. Debido al total condicionamiento externo del proceso de cambio político en curso, es Trump quien marca la secuencia (un ciclo tras otro sobre un solo tema), el ritmo (distribución del tiempo) y el tiempo del cambio (duración neta del proceso).

Es, dejémoslo claro, lo que le queda a Trump en el gobierno. No es el tiempo de los venezolanos, que en su mayoría quieren votar cuanto antes. No es el del régimen, que va rebanando el calendario de Trump, para comenzar otro juego, o volver al anterior. Es el tiempo políticamente útil del jefe de la Casa Blanca.

Contado desde hoy, al país le quedan dos años netos más para realizar la transición. Mejor será que ampliemos nuestra expectativa temporal, pero sin dejar de presionar porque se haga lo antes posible. Lo que no podemos permitirnos es que Trump termine su gobierno sin haber hecho las elecciones democráticas en Venezuela.