Washington, DC debe ser la ciudad más rara del mundo para asistir a las elecciones del Congreso de un país. Primero, porque como políticamente no está definido como estado, los electores de la capital no están facultados para votar, es decir, esta ciudad no está representada en el Congreso. Y, segundo, estamos hablando de la que sea quizás la urbe más antitrumpista de la nación: 9 de cada diez electores votaron aquí «por los demócratas hace dos años, así que ser republicano por estos lares es una rareza.
Son, por lo demás, no sólo minoría, sino una minoría silente, pues el antitrumpismo en estas calles es furibundo. Así que si usted es un adepto de Trump y de los republicanos en estos tiempos, no es una gran gracia decirlo. Sino, por el contrario, un acto potencialmente confrontacional. Mejor quedarse callado. En un año viviendo en Washington he visto (no conocido) un solo republicano protestando en la calle. Y cuando a mí se me ocurre decir que no escucho voces demócratas que interpreten el descontento de los electores, recibo grandes miradas de reproche y silencios suspicaces.
El voto latino de la capital
Washington, DC es una de las pocas urbes estadounidenses en las que el poder latino es aún un poco tímido. Aunque tiene una excepción muy notoria: todos los organismos multilaterales cuentan con centenares de extraordinarios profesionales latinoamericanos. Pero ese no es un universo mayoritariamente electoral.
La mayoría de los hispanos en la ciudad son salvadoreños (unos 20 mil). Llevan generaciones aquí, y tienen una particularidad: son mayoritariamente bukelistas pero, paradójicamente, antitrumpistas sin tapujos. He hablado con Guillermo, el encargado del edificio; con la señora María, que limpia la Facultad; con Auxiliadora, que atiende en Bread Furst, y todos me miran con cara de insulto cuando les nombro a Trump, de esas bocas salen improperios y gestos de « «bien lejos».
Y hablo de Trump porque, en cierta forma, esta contienda electoral es también un referéndum, visto que, en los tiempos que corren, de dominio vertical y sin cabida de complejidades ni beligerancias, lo que se hace en el partido republicano está decidido por el presidente.
El caso venezolano no es tan notorio, No puedo hablar de números. Según los conteos oficiales vivimos apenas unos 2 mil por estos lares. Y muy pocos deben tener capacidad de elegir, pero muchos de ellos, al mismo tiempo esperan el resultado a ver si salen de la sombra anti inmigrante a la que los ha sometido este gobierno. Por otra parte, los venezolanos no suelen ser unos antitrumpistas acérrimos: el chavismo les ha convertido en anti izquierdistas y muchos de ellos ven con malos ojos al partido demócrata y simpatizan la supuesta mano dura de Trump, quien se llevó a Maduro (aunque siga instalado el chavismo y se lleve por delante a los propios venezolanos que viven en este país).
Un voto en contra, más que a favor
El tema con los demócratas es muy importante. No parece haber un gran favoritismo por el partido del burro, sino parece más bien un voto protesta. Para los latinos, por ejemplo, entre quienes los temas migratorios son fundamentales (los TPS han sido abolidos o están en las cortes, en el mejor de los casos), los candidatos demócratas no hablan demasiado de las deportaciones y mecanismos ilegales e inconstitucionales que utiliza el gobierno republicano con todo el aparato parapolicial de los agentes de ICE.
Ese es el tema que con menos malos ojos ven los electores blancos estadounidenses a la administración actual, y como los latinos son la más grande minoría, pero aún minoría, es un tema que no ha sido priorizado por los demócratas como, por ejemplo, como el alto costo de la vida, producto de una guerra improvisada y una implementación bastante loca de los aranceles comerciales.
Las encuestas dan todas unánimemente una victoria sin problemas en la Casa de Representantes para el partido demócrata, y en el Senado, donde la contienda parece más reñida, las tendencias tienen el mismo tenor.
La hora de la democracia
Sin embargo, hay una nueva gran y terrible incógnita en Estados Unidos: ¿reconocerá Donald Trump los resultados si le son desfavorables? Ya no estamos en 2020. Trump tiene un dominio militar, partidista e institucional abyecto. Y los sucesos en Alaska (una contienda cuestionada de antemano por Trump, por si las pierde), más los esfuerzos por redistribuir el peso de los votos en los distritos y erosionar el voto por correo, hablan por ya de lo que puede pasar si el partido demócrata se queda con el Congreso. Eso sin contar aquel inolvidable 6 de enero.
Para Carolina Jiménez, presidenta de la organización WOLA (Washington Office for Latin America, por sus siglas en inglés), y quien es una observadora cabal de los índices de democracia en el mundo, aunque «no se ha podido contener el proyecto autoritario representado por el trumpismo (…); sin la institucionalidad histórica ni ciertos niveles de independencia judicial y de presión pública, los retrocesos democráticos en Estados Unidos habrían sido mucho mayores. Las elecciones legislativas serán una prueba de fuego».
Para Ernesto Castañeda, profesor e investigador de American University y especialista en la comunidad hispana, una cosa está clara, más allá de las elecciones: el proyecto que busca eliminar la cultura latina del mundo estadounidense es un fracaso desde su concepción. «La marca latina en la cultura de este país ya viene de generaciones, está en los negocios, en los deportes, en las artes, en la política. Este intento no va a poder con la impronta latina».
Los votantes hispanos representan al menos el 20% del electorado registrado en cerca de dos docenas de contiendas muy reñidas para la Cámara de Representantes en Arizona, California, Colorado, Florida, Pensilvania y Texas,así como en otros Estados. Los votantes latinos también podrían resultar decisivos en varias contiendas para el Senado, incluida la de Texas, donde los republicanos lograron avances históricos en las dos últimas elecciones. The New York Times los considera el grupo de indecisos que determinará el resultado de los comicios.
«Es el entusiasmo más alto que hemos visto en los últimos 30 años. Los latinos están motivados para salir a votar. Cuando hay olas antinmigrantes tan fuertes, los latinos se involucran y cambian la perspectiva política», explica a El País Héctor Barba, presidente de la organización Mi Familia Vota. «Lo vimos en California después de la 187 —propuesta electoral de 1994 para prohibir el acceso de migrantes indocumentados a ciertos servicios públicos— y ahorita estamos viendo todos los indicios similares en Texas», agrega.
Mi Familia Vota se ha unido por primera vez a otras organizaciones latinas —LULAC, UnidosUS y Latino Victory— para formar una coalición bajo el nombre de Vamos a Votar, que ha invertido 22,1 millones de dólares para registrar, informar y movilizar a los votantes latinos..
«No hay una alineación con el Partido Demócrata, pero sí contra Donald Trump, que se ha vuelto el enemigo número uno de los latinos», apunta Barba.
La popularidad de Trump ha caído en picado en todo el electorado, pero entre los latinos su rechazo es aún mayor. Según el informe Times Voter Trends, de The New York Times, Trump contó con el apoyo del 44% de los votantes hispanos en 2024; un aumento notable respecto a 2016, cuando el 28% lo respaldaba. En la encuesta más reciente, ese apoyo descendió al 31%.






