Ayer en la mañana, 29 de octubre del año de gracia de 2026, teniendo a sus espaldas un lema en letras gigantes que decía «SEAMOS LIBRES», la venezolana María Corina Machado dio su primera rueda de prensa en su país tras una ausencia de diez meses, desde que salió de manera subrepticia con una primera intención: recoger el Premio Nobel de la Paz en Oslo el día 10 de diciembre. No pudo ser; ella apenas pudo llegar al día siguiente.
Ahora llegó de vuelta a su tierra el día justo, según las fotos y los vídeos esparcidos por las redes urbi et orbi: una buena parte del país la esperaba en las carreteras y pueblos. Ayer fue su primera rueda de prensa, allá, en la Universidad Católica Andrés Bello, bien al oeste de Caracas. Esa es su Universidad, la Universidad que señala desde su nacimiento los valores de San Ignacio de Loyola. A tales valores alude ese gran pendón, el de la foto, que se hizo marca o emblema del recinto universitario hacia 2013, cuando la UCAB cumplía sesenta años. Las autoridades querían adornar el Edificio de Aulas rescatando en imágenes, a través del diseño de los artistas Santiago Pol y Teresa Mulet, aquello que mejor define la misión de educadores y educandos: las manos que construyen juntas el porvenir, las manos que dejan una obra a su paso.
Ayer, desde luego, hubo un gran ausente en el Aula Magna: Francisco José Virtuoso, el joven rector que falleció en 2022, alma y corazón de aquella cruzada por los valores ignacianos.
Dicen que a María Corina Machado le regalaron miles de rosarios durante su travesía desde Colombia hacia Caracas. Como sea que haya sido, ayer atendió las preguntas de todos los periodistas, tras un speech inicial a favor de la prontitud del proceso democratizador que atraviesa el país; es decir, una transición que desemboque en elecciones.
ENCUENTRO EN EL AULA MAGNA
La primera sorpresa de la mañana, para algunos, fue el embotellamiento inusual a la entrada de la Universidad. Algo raro acontecía. Raro y multitudinario, por lo visto. Muchos no sabían qué. La cola de carros para entrar era realmente impresionante. Los estudiantes comenzaban a arremolinarse alrededor del rectorado, aledaño al edificio de la biblioteca. Por esas casualidades de la vida, se encontraba en el campus el agregado cultural de España junto con su asistente. Un avezado estudiante lo descubrió. Otro se ocupó de acercarse entre el tumulto: lo necesario como para escucharle un comentario, que al buen hombre se le escapó quizás al creer que pasaría inadvertido: que tenía apenas dos semanas en Venezuela. Que estaba ansioso, de alguna manera, de ver a María Corina o conocerla personalmente porque había estado en la plaza de Sol hacía unos meses, en Madrid, escuchándola, y le había parecido apoteósica la asistencia de la gente. «Si yo fuera venezolano, sería corinista», soltó, entusiasmado (en todo caso también se puede ser corinista sin ser venezolano; miren no más a los suecos.)
En la UCAB, estuvo primero con el rector, Arturo Peraza, y Jaime Bello León, quien maneja los asuntos de la comunicación y las relaciones institucionales. Estaba la profesora de Filosofía que estuvo a punto de ser candidata en vez de la Machado en el 24, Corina Yoris; el profesor Emilio Píriz Pérez, antiguo jefe de Publicaciones en la UCAB. Etcétera. Sin embargo, en el etcétera no estaban los vicerrectores y demás autoridades que junto con el rector llevan los asuntos académicos y administrativos. Había gente del equipo de María Corina, desde luego.
Eso era dentro, en el tercer piso. Afuera, era impresionante la cantidad de estudiantes que había frente al rectorado. Y muchos periodistas. Ni estudiantes ni periodistas accedían al tercer piso. Hubiese sido imposible.
En el tercer piso estaba también Elías Pino Iturrieta, a quien la propia Machado había llamado temprano para que la acompañara. «Pues nada, aquí estoy», decía el historiador. Ya habrá llevado los pormenores al portal La Gran Aldea. Pero solo un grupito de los que se encontraban en la antesala del tercer piso entró a la oficina del rector (en él estaban el historiador y la filósofa). Esa reunión habrá durado media hora o quizás un poquito más. Es posible que quienes acompañaran a MCM fuese cuadros de Vente Venezuela.
Los estudiantes no se movían alrededor del rectorado, gritando «¡María presidente, elecciones ya!» El agregado cultural anduvo para arriba y para abajo, tomando fotos como un asiático en el Museo del Louvre. Como a la una y cuarto, el Aula Magna se llenaba hasta los topes. María Corina llegó sola, el rector no la acompañó hasta allá. Los estudiantes llenaban los aledaños del Aula Magna; también profesores, empleados. Todos gritaban, o al menos los estudiantes gritaban (o eran los que metían más ruido): «¡María presidente, elecciones ya!»
Al Aula Magna solo entraron periodistas, tanto nacionales como internacionales. Pero se coló gente, como por ejemplo la directora de Teatro UCAB entró, y entraron también algunos vicerrectores, directores de escuela, decanos, etc.].
Ella, María Corina, estuvo en la Universidad hasta las dos de la tarde, exactamente. A esa hora se retiró y los estudiantes la seguían; había emoción en el ambiente. Un profesor le comentaba a otro, al parecer recién llegado al país: «No sé a dónde conducirá esto pero el ambiente es otro, no tienes idea de lo que fue la marcha de María Corina desde Barquisimeto hacia Caracas, no tienes idea de la cantidad de rosarios que le dieron. La autopista Valle-Coche estuvo trancada, ¡de bote en bote!]»
MIENTRAS TANTO
La grabación completa de la rueda de prensa puede verse y escucharse, completa, en YouTube. Por otra parte, más o menos a esa misma hora o un poco antes, la transitoria encargada de la Presidencia, Delcy Rodríguez, intervenía a través de medios y RRSS con un discurso de catorce minutos en las antípodas de sus tradicionales actitud y verbo. Es increíble cómo puede una persona cambiar su ropaje retórico intelectual con tanta facilidad.
No sería aconsejable para el encargado cultural español que sus afinidades en Venezuela llegasen a oídos del ministro de Exteriores, José Manuel Albares, quien seguro le iría con el chisme a su jefe; a partir de allí, nadie podría apostar por su futuro profesional mientras dure la presente legislatura.






