La llegada de María Corina Machado a Venezuela no sólo cambió el ritmo de la nación, sino que ha propiciado un recálculo por parte del gobierno provisional y por quien ejerce la tutela, EEUU, especialmente su brazo ejecutor, el Departamento de Estado.

Hoy el panorama está más claro. A pesar de que Machado y su organización no forman parte de ella, los esfuerzos iniciados en la Mesa de Diálogo lucen más apuntalados, sobre todo después de los anuncios del secretario Marco Rubio en el sentido de que, tras la conformación del Tribunal Supremo de Justicia y del Consejo Nacional Electoral, el año que viene se tiene previsto declarar la vacancia de la presidencia de la república, lo que daría paso a un llamado a elecciones presidenciales que muy probablemente ocurran en el transcurso de 2027.

No hay un calendario preciso de estos cambios, salvo la conformación de los dos organismos mencionados, para fines de año el primero y para comienzos de 2027 el segundo, pero quedan pocas dudas sobre la orientación que conllevan y que, más temprano que tarde, se llegará al momento definitorio de la transición política, vale decir, unas elecciones presidenciales libres que conduzcan al inicio de la vuelta a la democracia.

De modo que, visto el proceso desde los factores de mayor influencia en las posibilidades de un cambio político, el panorama luce más despejado y muy seguramente eso se verá reflejado también en el ánimo popular, como se ha puesto de manifiesto en las innumerables manifestaciones de apoyo a María Corina Machado dondequiera que pasa.

Y aunque algunos tiendan a confundir esas expresiones con las tradiciones caudillistas o populistas que han poblado la historia venezolana, mi interpretación muy personal es que ellas expresan una suerte de transfusión de la esperanza como reversión de su contrario: el sufrimiento de todo tipo, profundo y sostenido que han experimentado los venezolanos por demasiado tiempo. No es de extrañar que haya vuelto a surgir un liderazgo carismático tras la destrucción honda y constante de buena parte de los pilares institucionales que construyó el país durante la segunda mitad del siglo XX.

Lo cierto es que el apoyo a Machado, de múltiples formas, pero especialmente en la esfera pública, que ha ido recuperando el dinamismo de otros tiempos, amén de que seguramente aumentará la presión de calle, lo que indica es que finalmente la oposición venezolana ha recuperado ese don que los especialistas de ahora suelen llamar agencia.

PERO HAY MÁS

La política y lo político no ocurren sólo en y a través de los pilares donde se ejerce el poder. Cuando se asoma a la democracia, la política comienza a manifestarse en el discurso, en las formas y rituales que van sustituyendo poco a poco al ejercicio del poder desnudo donde la represión campea. Ya ese cambio venía ocurriendo en Venezuela tras el 3 de enero, aunque sólo a trompicones y en una suerte de tira y encoge.

La razón de que fuera así es que el gobierno provisional, Delcy Rodríguez, su hermano Jorge, y el propio Diosdado Cabello, cada uno a su manera, le hablaban al vacío porque no tenían contendientes frente a ellos y porque, por blandir el poder de manera absoluta, no tenían necesidad de matizar el discurso o admitir que alguna razón podía tener el adversario.

Todo esto cambió súbitamente el jueves 29. Poco tiempo antes de que tuviera lugar la rueda de prensa anunciada por María Corina Machado, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez realizó una verónica inconcebible meses atrás y dio un discurso muy diferente a los habituales. En un remedo de las formas mariacorinistas en el vestir, habló aplomadamente, sin insultos, llamando, cual reformista redomada, a la reconfiguración del país y su transmutación en una nación nueva, donde la reconciliación ha retornado, reconstruyendo las instituciones perdidas (aunque no lo admitiera directamente) y reabriendo las puertas a la prosperidad.

Seguramente habrá quien piense que se trata de mero teatro, pero tengo para mí que el retorno de María Corina ha obligado a quienes ejercen el poder a cambiar no sólo sus vestimentas sino el lenguaje mismo. Se notó en el discurso una voluntad de convencer, de hablarle a la gente para que la considere seriamente como alternativa. Casi como un discurso de candidata que se lanza al ruedo. Y a todas luces ese giro retórico es importante porque deja atrás la maledicencia a la cual nos tuvieron acostumbrados por años de ataques desmedidos, usualmente asociados a campañas de acoso y represión.

María Corina, por su parte, hizo un marcaje de la nueva cancha que se abre, sin demeritar por completo la voltereta retórica de su antagonista, pero reafirmando el nuevo momento y la voluntad de cambio que no ha abandonado el alma del venezolano de a pie y que sigue empecinado en una vuelta a la libertad sin ambages.

Si esos cambios en el lenguaje político persisten y entramos en un terreno de confrontación civilizada, pues bienvenidos sean.

Si así llueve, que no escampe.